Hay que dejar al niño solo con su plato.

La infancia y la juventud siempre serán una preparación para el mundo adulto. Es fundamental que los padres tracen una dirección común a seguir ya desde sus primeros pasos y que vayan subiendo el nivel de exigencia. La dualidad, lo que aporta el padre por un lado y la madre por el otro, es enriquecedora, pero lo que es de vital importancia es que en lo sustancial, sean uno ante él. Lo sustancial es lo que juzguen más importante mientras ellos sean los responsables de la educación de su hijo. Padre y madre, aunque se puedan expresar de forma diferente, tendrán la llave siempre que tengan un criterio unificado en relación a felicitaciones, recompensas u otras cuestiones relevantes para ellos, pero sobre todo ante los límites o castigos que consideren necesarios dentro de la familia. Respecto a la comida, por ejemplo, al niño le puede gustar más o menos su plato tal como nos sucede a nosotros, pero el objetivo es que al final, en cuanto amplíe su círculo, pueda entrar en cualquier casa. Y que nos pidan que vuelva siempre.

 

 

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Autor: Maestros contra el Mundo Moderno

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