El miedo a la muerte

Sin lugar a dudas el miedo a la muerte es nuestro principal temor vital y siempre hace su aparición en los primeros años de vida. El niño siente una preocupación o una angustia inexplicable ante la sola idea de la desaparición de sus seres queridos, pudiéndole rondar tanto de día como de noche. De forma simultanea o más adelante, dependiendo de su naturaleza, comenzará a formularse cuestiones también en torno a su propia muerte. A medida que crecemos estas emociones se van templando porque la intensidad de nuestras reacciones y sentimientos va disminuyendo progresivamente; pero nada de esto sucede hasta que nos hayamos tenido que enfrentar a la primera muerte en nuestro estrecho círculo familiar infantil. Es importante poner en relieve la importancia que tiene la familia primero, y la escuela después, para el niño en sus primeros años de vida. Familia y escuela conformamos su único mundo conocido y también su único mundo de afectos. Mientras el animalismo lucha porque nuestra sociedad reemplace definitivamente su filiación humana por la animal nosotros combatimos esta degeneración o decadencia última propia del fin de los tiempos con nuestro ejemplo. ¿Cómo? Bien sencillo… Mostrando a los niños nuestro pesar, sí, cuando se sienten afligidos tras la muerte de su mascota pero en cambio parando la clase el tiempo que consideremos necesario cuando quien haya muerto sea una persona. Sí, en este punto sí que vamos a estar con los nuevos tiempos y adaptaremos el guión del aula lo que haga falta dentro de lo posible; nuestros niños tienen que tener clara su filiación, su identidad por extenso ya desde el comienzo. (El buen maestro y los adultos sensatos no pueden obviar el espacio que el animalismo va ganando en nuestra sociedad-animalización de la misma- ni la corriente que arrastra. Quienes se dejan arrastrar por la corriente – por globalización (ausencia de identidad), por animalización y tecnocracia (antinaturalidad y deshumanización)-llevan a los niños por mal camino y a nuestra sociedad al desastre, en definitiva). Así, cuando a un alumno se le muere un familiar cercano, normalmente uno de los abuelos, o incluso, en el peor de los casos, uno de sus progenitores, hacemos una parada obligada a su vuelta a clase. Al dedicarle un tiempo a su pérdida, al darle la importancia debida, estás conservando y transmitiendo su valor dentro de la trascendencia (que nos ha caracterizado, elevado y distinguido como seres humanos desde que el hombre es hombre, desde que nuestros ancestros andaban en las cavernas). El currículo, esta ley o la otra, este padre o el otro, se tendrán que esperar. Las cuestiones fundamentales que nos afectan a los seres humanos desde el tiempo en que nuestros ancestros andaban en las cavernas deben pervivir en la escuela.  Nosotros, junto con la familia, tenemos el deber y el placer de ayudar a los niños a encauzar todo ese torrente que mana desde las profundidades de alma diminuta. En su primer duelo en realidad albergan la primera señal, todavía incomprensible para ellos, del mundo adulto. Vaya si es importante. En este sentido, la modernidad ha sido una vez más contraproducente, no se puede demorar, pasar por alto, silenciar o maquillar algo tan natural, trascedental e inherente a la vida como es la muerte; que es lo que se ha venido haciendo en las últimas décadas. Cuando la muerte hace su acto de presencia en el entorno toca hablar de ello, y punto. Los niños no son tontos, basta ya de tratarlos como tal. Nosotros podemos hacer de ellos unos valientes o unos cobardes que huyan de la realidad. Yo todavía apuesto por lo primero, contra la corriente mayoritaria de nuestra sociedad.
¿Cómo trabajar en el aula un asunto tan delicado que incluso siendo ya adultos nunca nos dejará de turbar?

Es bueno que realicen algunos ejercicios de relajación corporal primero, cada vez más cerca del suelo. Luego, dispuestos en círculo, en una postura que les resulte cómoda, favorecemos que hablen espontáneamente de ello (ahora los modernos lo llaman brain storming, creo). En seguida comienzan a expresar o a intentar expresar lo que sienten, tiene que salir todo para fuera. Nosotros estaremos ahí para escucharlos. Las muestras de compañerismo y afecto no se hacen esperar. Situaciones como esta pueden estrechar con fuerza lazos de unión entre compañeros, unir de forma especial al grupo y fortalecerlo, en definitiva. (Atención al niño que ni sienta ni padezca). Intercalar ciertos cuentos, poemas o composiciones musicales ( “El Rock se escucha desde el corazón” Los Suaves) también les brinda, sin huir de la realidad, la oportunidad de transformar creativamente todo ese sentimiento negativo.

“Nena, te voy a dejar” Los Suaves en Melgar de Fernamental, Burgos, 1991. Creo que no hay más que decir. Bueno, sí. Que la mejor balada de la Historia del Heavy no necesitó ir en inglés…

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Autor: Maestros contra el Mundo Moderno

Maestros contra el Mundo Moderno ya está en facebook. Otras vías de contacto: por correo a silvanadeprado@gmail.com, en twitter a @silvanadeprado.

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