EL ALFABETO (F)

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Antes de que acabe el mes siempre investigamos sobre el que viene a continuación.

Para ello visitamos el Calendario Agrícola del Panteón de los Reyes de San Isidoro de León y trabajamos con los niños unos cuantos dichos de nuestro refranero popular (profundizando en los aspectos que más nos interesen). Ojalá los alumnos puedan contemplar San Isidoro algún día con sus propios ojos… Mientras tanto, en el aula, pueden consultar algunos libros adquiridos por su maestra en la mismísima tienda del templo. 

¡Allá vamos a Febrerillo, el loco!  Aquí os dejamos nuestra selección:

Enero y febrero hinchan el granero.
Enero helado y febrero aguado.
Febrerillo el loco, con sus días veintiocho.
Febrero llovidero llena manantiales y crea tempero.
Si no llueve en febrero ni trigo ni centeno.
En febrero un ratito al sol y un ratito al brasero.
Febrerillo, mes loquillo.
Febrero, cebadero.
Febreruco es loco, unas veces por mucho y otras por poco.
Refranes que no sean verdaderos y febreros que no sean locos, pocos.
En febrero loco ningún día se parece a otro.
Febrero, siete capas y un sombrero.
El mes de febrero lo inventó un casero.
En febrero corre el agua por cualquier reguero.
Febrero, cara de perro.
Por febrero florece el romero.
Febrero, frío o templado, pásalo arropado.
En febrero sale el oso del osero.
Sol de febrero rara vez dura un día entero.
Si hace un buen febrero malo será el año entero.
Siempre se vio en febrero lo contrario que en enero.
Cuando febrero no febrerea marzo no marcea.
Si truena en febrero mal agüero.
Nieblas en febrero, abril llovedero.
Febreros y abriles los más viles.
Si en febrero caliente estás por Pascua tiritarás.
Febrero, gatos en celo.
Si más días tuviera febrero no quedaría ni gato ni perro.
Mal para cuerpo y bolsa si en febrero ves a la sombra el perro y en mangas de camisa al jornalero.
Nieve antes de marzo, oro blanco.
Árbol que podo en febrero tendrá fruto duradero.
Quien en febrero no escarda, ¿a qué aguarda?.

 

*

 

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¡EL NIÑO QUE HABÍA SIDO ATACADO POR UN LOBO! (LAS PRISAS NUNCA SON BUENAS)

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Hay cosas que nunca cambiarán. Cada mañana los niños llegan a la escuela, aprovechan para jugar hasta que toca ir a la fila, suben al aula, saludan a la profesora y vacían sus mochilas. Las clases suelen comenzar según la hora prevista salvo cuando sucede algo excepcional. Algo tan excepcional como lo que os voy a contar a continuación. Según iban entrando por la puerta del aula uno de mis alumnos se apresuró a acercarse hasta mi mesa.

-¿Cómo no estás vaciando tu mochila como el resto?
-¡¡Profe, es que ayer fui atacado por un lobo!!. Urgencias y demás
-¿¿Que qué?? (9 de la mañana).

Y fue entonces cuando me enseñó la marca en su mano. Según decía se había enfrentado nada más y nada menos que con el Señor Lobo la tarde anterior. A decir verdad yo nunca había visto una herida como aquella; ese agujero profundo y limpio en medio de su mano tan pequeña era impresionante.
Al principio pensé que era una fabulación, aun cuando sabía que había una buena manada en torno a su aldea. Sin embargo, tras mostrarme la herida a simple vista ya me pareció un colmillazo en toda regla, una buena dentada, y su testimonio comenzó a cobrar fuerza. Pocas veces se presenta una situación tan interesante como esta para que avancen en el conocimiento sobre su entorno y, siempre que sea posible, hay que hacer un cambio en el guión. El niño urbano podrá interesarse más o menos por el entorno natural, al igual que el rural por el urbano, pero conocer la fauna rural y “la fauna urbana” nunca fue más interesante para todos en la actualidad. (El destino, al final, pondrá a mucha gente del campo en las ciudades y algunos urbanitas acabarán echando raíces en el campo, algo que nunca hubieran imaginado en su vida). Pero es muy importante que cada cual conozca su entorno inmediato primero. Por ello el niño del campo tiene que identificar y conocer a ciertos animales, así como el niño urbano tiene que saber que no se debe meter de noche por callejones oscuros, evitar estar solo en medio de aglomeraciones, andar por calles sin gente a plena luz del día o abrirle la puerta a desconocidos.
Bueno, pues allá fuimos con nuestra clase extra de Ciencias Naturales. Para ella me serviría, entre otras cosas y principalmente, de los Cuadernos de Campo del Doctor Félix Rodríguez de la Fuente. Aunque no era fácil intentaríamos dilucidar si se trataba de un lobo (como el niño sostenía), de un can, un lobicán o un zorro.

– Niños, necesitamos silencio para escuchar bien su relato. (La verdad es que les costó callarse. Como es lógico, estaban bastante alterados por el suceso y en sus pequeñas cabecitas volvían a cobrar vida sus vivencias, las menos, o fabulaciones con el lobo).

-Bien. Cuéntanos entonces cómo fue que te encontraste con el lobo y qué sucedió después.
“Como cada domingo íbamos a ir a andar en bici mi amigo y yo, él vive en la aldea de al lado y siempre lo voy a buscar para salir juntos. Ayer llegaba tarde y cogí una corredoira para atajar, una corredoira por la que nunca había ido antes. Por el camino de siempre lleva más. Cuando iba pedaleando a buen ritmo de pronto me salió al paso un lobo y cuando quise reaccionar ya me estaba cayendo de la bicicleta, ¡lo único que quería era librarme de sus fauces!…Aunque me enganchó con un colmillo pude zafarme y salir corriendo como nunca antes había corrido en mi vida, sin mirar atrás, hasta que conseguí llegar a mi casa”- contaba todavía visiblemente exaltado.

-Cuéntanos cómo era el lobo, qué recuerdas. (Entonces le fui haciendo preguntas sobre sus características físicas haciendo hincapié en algunos detalles que diferencian a unos cánidos de otros, con ello están aprendiendo a identificarlos. Mientras tanto voy dibujando su descripción en la pizarra, haciendo lo que ahora se llama un retrato robot). Muchos de mis colegas maestros no se atreven a dibujar, lo que se dice a dibujar, en la pizarra y yo siempre los animo a hacerlo. (En la imagen se puede comprobar que hacer un boceto sencillo y bastante correcto está al alcance de todos. El dibujo siempre será una herramienta útil, motivadora y bella). Prosigamos. Pues una vez acabé el esbozo y lo hubieron observado le pregunté:

– ¿Es él?.
– ¡¡Sí!!.
– ¡¡Es un zorro!!. Lo más probable es que te hayas enfrentado a un zorro, más concretamente a una zorra, por haberte acercado demasiado a la zorrera (sin tú saberlo). Situaciones como estas nos llevan a pensar en que las prisas nunca son buenas y que a veces es mejor el camino conocido que el camino por conocer. Más vale malo conocido que bueno por conocer, ¿verdad, chicos?.

 

Silvana de Prado

 

EL SOLSTICIO DE INVIERNO EN EL AULA. LA CONFIANZA Y EL VALOR DE LA ESPERA

Como Almendralejo nos queda algo lejos, lejos del presupuesto, y quizá sus padres no sean de esos atípicos que aprovechan sus días de vacaciones para aparecer por Huerta Montero al alba con la esperanza de poder vivir uno de los fenómenos más mágicos del año, decidimos darles esta sorpresa a los niños en clase. Trabajaron duro durante el otoño y sin ellos saberlo tendrían su pequeña recompensa. ¿Qué decían mientras contemplaban el Solsticio de Invierno en directo?: ¡¡Qué pasada!!. ¿Qué aprendieron? Entre otras cosas el valor de la espera, de la paciencia. Cuando se les introdujo la sorpresa se les dijo que iba a durar cerca de dos horas y había que verles las caras. La confianza. Aunque estaban condicionados negativamente por la duración del evento hasta conseguir la satisfacción mediante la sorpresa confiaban en su maestra, pues es una de sus figuras de autoridad (lo que ellos expresan en términos de afecto). No nos puede sorprender de ninguna manera que reaccionaran así ante una sorpresa prometedora para la tendrían que esperar durante casi dos horas en reposo. Teniendo en cuenta además que el desarrollo del fenómeno es muy, muy lento y que para apreciarlo en toda su magnitud hay que proyectar en el visionado toda la nuestra atención. Vivimos en la sociedad de la falta de tiempo, del sobreestímulo, de lo perecedero, de lo superficial y de lo efímero. (¿Qué se les puede pedir a los niños si la mayoría de los adultos no son capaces de hacerlo o no disfrutan con ello? La retransmisión de este fenómeno ancestral, cargado de simbolismo, fuerza y belleza pasó por el blog y ya me gustaría saber de los casi 500 que somos cuántos lo vieron de principio a fin, o cuántos por lo menos le llegaron a dar al play). No se puede enseñar a amar nada que no se ame, no se puede enseñar a amar nuestra cultura sin predicar con el ejemplo. Bueno, volvamos a clase, pues estos pequeños al final hasta aplaudieron, estaban entusiasmados. El factor tiempo había pasado de ser una suerte de castigo a algo a tener en cuenta, ahora de forma positiva. (“¡Valió mucho la pena la espera, profe!”). Claro que son más conscientes del valor de la espera cuando hay un objetivo próximo o alcanzable o, como en este caso, disfrutar algo tan agradable como un regalo. También es importante aprovechar otros momentos educativos para mostrarles el valor de la paciencia por la paciencia, del hacer cuando hay que hacer y del no hacer cuando no se debe hacer. En definitiva, avanzar por el camino sin prisa pero sin pausa y que al final se dejen sorprender por los frutos de su laboriosidad gracias al movimiento o al reposo. ¡Qué difícil es que tengan el ansia de hacer, hacer y hacer!…(¡Pues tanto o más difícil es que permanezcan sentados en su silla sin hacer nada, nada más y nada menos que pensar, observar o relajar su mente! ).

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