EL SOLSTICIO DE INVIERNO EN EL AULA. LA CONFIANZA Y EL VALOR DE LA ESPERA

Como Almendralejo nos queda algo lejos, lejos del presupuesto, y quizá sus padres no sean de esos atípicos que aprovechan sus días de vacaciones para aparecer por Huerta Montero al alba con la esperanza de poder vivir uno de los fenómenos más mágicos del año, decidimos darles esta sorpresa a los niños en clase. Trabajaron duro durante el otoño y sin ellos saberlo tendrían su pequeña recompensa. ¿Qué decían mientras contemplaban el Solsticio de Invierno en directo?: ¡¡Qué pasada!!. ¿Qué aprendieron? Entre otras cosas el valor de la espera, de la paciencia. Cuando se les introdujo la sorpresa se les dijo que iba a durar cerca de dos horas y había que verles las caras. La confianza. Aunque estaban condicionados negativamente por la duración del evento hasta conseguir la satisfacción mediante la sorpresa confiaban en su maestra, pues es una de sus figuras de autoridad (lo que ellos expresan en términos de afecto). No nos puede sorprender de ninguna manera que reaccionaran así ante una sorpresa prometedora para la tendrían que esperar durante casi dos horas en reposo. Teniendo en cuenta además que el desarrollo del fenómeno es muy, muy lento y que para apreciarlo en toda su magnitud hay que proyectar en el visionado toda la nuestra atención. Vivimos en la sociedad de la falta de tiempo, del sobreestímulo, de lo perecedero, de lo superficial y de lo efímero. (¿Qué se les puede pedir a los niños si la mayoría de los adultos no son capaces de hacerlo o no disfrutan con ello? La retransmisión de este fenómeno ancestral, cargado de simbolismo, fuerza y belleza pasó por el blog y ya me gustaría saber de los casi 500 que somos cuántos lo vieron de principio a fin, o cuántos por lo menos le llegaron a dar al play). No se puede enseñar a amar nada que no se ame, no se puede enseñar a amar nuestra cultura sin predicar con el ejemplo. Bueno, volvamos a clase, pues estos pequeños al final hasta aplaudieron, estaban entusiasmados. El factor tiempo había pasado de ser una suerte de castigo a algo a tener en cuenta, ahora de forma positiva. (“¡Valió mucho la pena la espera, profe!”). Claro que son más conscientes del valor de la espera cuando hay un objetivo próximo o alcanzable o, como en este caso, disfrutar algo tan agradable como un regalo. También es importante aprovechar otros momentos educativos para mostrarles el valor de la paciencia por la paciencia, del hacer cuando hay que hacer y del no hacer cuando no se debe hacer. En definitiva, avanzar por el camino sin prisa pero sin pausa y que al final se dejen sorprender por los frutos de su laboriosidad gracias al movimiento o al reposo. ¡Qué difícil es que tengan el ansia de hacer, hacer y hacer!…(¡Pues tanto o más difícil es que permanezcan sentados en su silla sin hacer nada, nada más y nada menos que pensar, observar o relajar su mente! ).

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Autor: Maestros contra el Mundo Moderno

Maestros contra el Mundo Moderno ya está en facebook. Otras vías de contacto: por correo a silvanadeprado@gmail.com, en twitter a @silvanadeprado.

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