EDUCACIÓN Y GLOBALIZACIÓN (Parte 2ª)

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EDUCACIÓN, NEOLIBERALISMO Y GLOBALIZACIÓN

Por José Alsina Calvés

Para Alexander Dugin lo que es el ser humano no se deriva de sí mismo como individuo, sino del medio político envolvente (1) . Por tanto la respuesta a la cuestión antropológica recae sobre la configuración del poder en la sociedad. La imagen, o autoimagen, del ser humano que la sociedad política se da a sí misma va a ser un factor fundamental en el tipo de educación que impere en esta sociedad.

En la teoría de las siete figuras en la historia de la cultura europea (2) se describen las distintas nociones de la persona, que vienen dadas por el medio cultural y político envolvente, y que marcan la educación en cada etapa concreta, siendo incompatibles con cualquier otra figura. Estas figuras se definen a partir del nacimiento de la educación en sentido formal (es decir, desde el origen de las polei), y son sucesivamente:

1. La persona como ciudadano de la polis (el zoon politikon de Aristóteles).

2. La persona como ciudadano del mundo que se extiende por el Imperio Romano (el zoon koinonikon de los estoicos).

3. El hombre cristiano, tal como queda establecido por San Agustín.

4. El ideal católico de persona, propio del Imperio español y proyectado por la Compañía de Jesús.

5. El sujeto burgués y puritano, gestado en el contexto del protestantismo, que conforma el Imperio Británico.

6. El “nuevo Prometeo” que corresponde al proletariado de Marx o al Trabajador de Jünger: el hombre de la revolución industrial, del fascismo y del comunismo.

7. El post-individuo o sujeto consumidor, propio de la Globalización y del neoliberalismo, muy bien descrito por Dugin.

En este capítulo queremos referirnos sobre todo a la emergencia del post-individuo o sujeto consumidor, propio de la globalización, que va a ser el sujeto político de la nueva sociedad neoliberal y, por tanto, de la educación posmoderna. Pero antes debemos situarnos en el origen de la modernidad y su evolución.

(1) Dugin, A. (2013) La Cuarta Teoría Política. Barcelona, Ediciones Nueva República, p. 211.

(2) Huerga, P. (2009) El fin de la educación. Ed. Eikasia, Oviedo, pp. 83-84.

Educación y Modernidad

Entendemos por Modernidad el proceso ideológico, social y político, que se inicia en el siglo XVIII con la Ilustración, y cuyo exponente político más representativo es el liberalismo. El hilo conductor de la constelación cultural de la modernidad es la racionalización, que a través de la ciencia, la tecnología y, sobretodo, la educación, intentó hacer de una correcta administración de las cosas y de los individuos el fundamento de un cálculo acertado del futuro (4) .

Las relaciones entre modernidad y educación son esenciales, pues el proyecto moderno se concibe como un proceso de emancipación del individuo de todos los supuestos obstáculos a su libertad (entendida siempre como “libertad de…” y no “libertad para…”) y a la construcción de un sujeto “racional” y “autónomo”.

La manifestación más prístina de esta ideología de la modernidad es el liberalismo, que se constituye como teoría política (la primera teoría política) como heredera directa de la ideología de la Ilustración, y cuyo sujeto político es el individuo.

No tardaran en surgir otras teorías políticas que, sin abandonar el marco ideológico global de la modernidad, se opongan al liberalismo y traten de elaborar nuevos sujetos políticos: el socialismo o comunismo (segunda teoría política), cuyo sujeto es la clase social y los fascismos (tercera teoría política) de sujeto algo borroso, que va desde el Estado, la Patria-Nación o la raza. Hay que citar también al sindicalismo, con sus muchas variedades (anarco-sindicalismo, sindicalismo revolucionario, guildismo, nacional-sindicalismo) que, aunque no es una auténtica teoría política, va a tener gran influencia en los procesos que queremos estudiar.

Todas estas corrientes, a pesar de sus grandes diferencias, oponen al individualismo liberal una imagen colectivista, y frente a la figura del burgués-propietario oponen la figura del Trabajador (5). Pablo Huerga llama a esta figura el Nuevo Prometeo (6) al que identifica con el hombre-masa, tal como lo describe Ortega en su libro La rebelión de las masas. La figura del Trabajador la encontramos encarnada, con diferentes matices, en el proletario del comunismo, el productor del fascismo y del nacional-sindicalismo, o simplemente, el obrero de los sindicatos de clase desarrollados en el mundo occidental en el periodo que va desde el final de la II Guerra Mundial hasta la caída del Muro de Berlín y el origen de la posmodernidad.

La figura del Trabajador, en sus diversas versiones, es, pues, la contraposición al individuo burgués. Es una figura anti-liberal, pero no antimoderna, pues lo que hace es presentar una versión distinta de la modernidad. Aparece estrechamente ligada a la técnica, y, por tanto, a la revolución científica e industrial. Jünger define la técnica como la movilización del mundo por la figura del Trabajador (7).

(4) Terrén, E. (1999) Educación y Modernidad. Entre la utopía y la burocracia. Barcelona, Ed. Antrhopos, p. 25.

(5) Jünger, E. (1990) El Trabajador. Dominio y Figura. Barcelona, Tusquests Editores.

(6) Huerga, obra citada, p. 129.

La creación política más característica de este periodo es el llamado Estado del Bienestar, que es una consecuencia de las políticas keynesianas y del pacto social, patrocinado por el Estado, entre empresariado y centrales sindicales. Salarios altos, para que los trabajadores puedan consumir y mantener una demanda interna e importantes inversiones del Estado en educación y sanidad, serían sus elementos más característicos.

La enseñanza pública

La revolución científico-tecnológica cambia totalmente el punto de vista educativo (8). A partir de la Segunda Guerra Mundial se produce el verdadero fenómeno de la masificación de la enseñanza secundaria y de la universidad. En España este fenómeno coincide con la creación de las Universidades Laborales, primero, y con la Ley General de Educación después, que deroga la Ley Moyano, vigente desde el siglo XIX. La ciencia, entendida como fuerza productiva, se establece como centro del sistema educativo universitario.

En todo este proceso la educación pública se considera como el eje del sistema educativo, y la propia enseñanza privada se referencia con respecto a la pública.

Cambio de paradigma

En la década de los 80 se produjo en los países occidentales la emergencia de una “nueva derecha” política, calificada a la vez como “conservadora” y “neoliberal”, y cuyos exponentes más representativos son Reagan en Estados Unidos y Thatcher en Inglaterra (9) .

Las ideas-fuerza de este movimiento son conocidas y un poco simplistas: las sociedades pagan demasiados impuestos, están demasiado reglamentadas, sometidas a las presiones múltiples de los sindicatos, de las corporaciones egoístas, de los funcionarios. Los nuevos gobiernos conservadores cuestionaron profundamente la regulación keyenesiana macroeconómica, la propiedad pública de las empresas, el sistema fiscal progresivo, la protección social y la restricción del sector privado por reglamentaciones estrictas. La inflación se convirtió en el problema prioritario.

Estas nuevas formas políticas implicaban un cambio mucho más importante que una simple restauración del puro capitalismo de antaño y del liberalismo tradicional. Significaban una modificación radical en el modo de ejercicio del poder gubernamental, así como de las referencias doctrinales, en el contexto de un cambio de reglas en el funcionamiento del capitalismo.

(7) Jünger, obra citada, p. 147

(8) Huerga, obra citada, p. 144.

(9) La expresión “nueva derecha” aplicada a esta corrientes políticas no debe confundirse con la escuela de pensamiento que nace en Francia, y que se llama también “nueva derecha”. Sus presupuestos ideológicos son absolutamente opuestos a los del neoliberalismo.

Pusieron en manifiesto una nueva racionalidad política y social, articulada con la mundialización y financierización del capitalismo. En otras palabras, se puede hablar de un “giro decisivo” porque se instaura una nueva lógica normativa capaz de integrar y de reorientar de forma duradera políticas y comportamientos en una nueva dirección. En este punto persisten los malentendidos, que hacen que en muchas ocasiones no se perciba la auténtica naturaleza del neoliberalismo. Algunos analistas han denunciado estas políticas como una simple “vuelta al mercado”. Tienen razón en el sentido de que este tipo de políticas siempre se han apoyado en la idea de que para que los mercados funcionen bien, hay que reducir los impuestos, disminuir el gasto público, transferir al sector privado las empresas públicas, restringir la protección social, controlar la inflación y desregular el mercado de trabajo. Pero la atención exclusiva que han prestado estos analistas a la ideología del laisser-faire ha desviado la atención del examen de las prácticas y los dispositivos estimulados o directamente instaurados por los gobiernos ejecutores de estas políticas.

Existe pues una dimensión estratégica de las políticas neoliberales, articulada por una racionalidad global que a veces pasa desapercibida. El giro político de los inicios de los años 80 movilizó todo un abanico de medios para alcanzar en el plazo más breve ciertos objetivos bien determinados: desmantelamiento del Estado social, privatización de las empresas públicas, etc. Se puede hablar pues de una estrategia neoliberal como el conjunto de los discursos, las prácticas, los dispositivos de poder destinados a instaurar nuevas condiciones políticas, a modificar las reglas de funcionamiento económico y a transformar las relaciones sociales. Hay una intervención gubernamental al servicio de esta estrategia, y el objetivo final es una sociedad gobernada y regulada por la competencia.

Esta instauración de la norma mundial de la competencia se operó mediante el entronque de un proyecto político en una dinámica endógena, al mismo tiempo tecnológica, comercial y productiva. Este programa político de Thatcher y Reagan, copiado por otros gobiernos (incluso por algunos de signo socialdemócrata), fue adoptado también por organizaciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial. Por otra parte estas políticas adoptaron la forma de respuestas a una situación económica social imposible de administrar. Este aspecto reactivo se puso en manifiesto, de forma notable, en el informe de la Comisión Trilateral (10) , titulado La Crisis de la Democracia (11) . Los autores constataban que los gobernantes se habían vuelto incapaces de gobernar debido a la excesiva implicación de los gobernados en lavida política y social.

(10) Fundada en 1973 por David Rockefeller, agrupa a miembros muy selectos de la élite económica y política de la “triada”: Estados Unidos, Europa y Japón.

(11) Crozier, M., Huntington, S. y Watanufi, J. (1975) The Crisis of Democracy: Report on the Governability of Democracies to the Trilaterla Comission. Nueva York, New York University Press.

De este modo, una nueva orientación fue tomando cuerpo progresivamente en dispositivos y mecanismos económicos que modificaron progresivamente las reglas del juego entre los diferentes capitalismos nacionales y entre las clases sociales en el interior de cada uno de estos espacios nacionales. Esta nueva orientación se caracterizó, entre otras cosas, por la gran ola de privatización de empresas públicas, y por el movimiento general de desregulación de la economía. La flotación general de las monedas a partir de 1973 abrió la vía a una mayor influencia de los mercados sobre las políticas económicas, y, en este nuevo contexto, la apertura creciente de las economías socavó las bases del circuito autocentrado “producción-beneficios-demanda”. Las nuevas políticas monetaristas iban dirigidas a responder a los problemas principales: la inflación y el poder de presión de los sindicatos. Rompiendo la indexación de los salarios en función de los precios se intentó transferir la crisis al poder de compra de los asalariados. Estas políticas monetaristas, de bajadas de impuestos y desregulación, fueron también aplicadas por gobiernos de izquierdas, como el de Delors en Francia. Mediante el círculo vicioso del alza de los tipos de interés, se provocó en 1982 la crisis de la deuda de los países latinoamericanos, lo cual supuso una oportunidad para el FMI de imponer planes de ajuste estructural que suponían profundas reformas. Estadisciplina monetaria y presupuestaria se convierte en la nueva norma de las políticas anti inflacionistas en el conjunto de los países de la OCDE y de los países del Sur, que dependen de los créditos del Banco Mundial y el apoyo del FMI.

Este sistema de reglas ha definido lo que podríamos llamar un sistema disciplinario mundial. Es la culminación de un proceso de experimentación de los dispositivos disciplinarios iniciados en 1970 por los gobiernos que se habían sumado al monetarismo. Es lo que John Williamson llamó el “consenso de Washington”.

A nivel mundial, la difusión de la norma neoliberal encuentra un vehículo privilegiado en la liberalización financiera y la mundialización de la tecnología. Un mercado único de los capitales se instaura a través de una serie de reformas de la legislación, las más significativas de las cuales han sido la liberalización completa de los cambios, la privatización del sector bancario, la liberalización de los mercados financieros, y, a nivel regional, la creación de la moneda única europea. Esta liberalización política de las finanzas se basa en una necesidad de financiamiento de la deuda pública que se satisfará recurriendo a los inversores internacionales. Las finanzas mundiales han conocido, durante cerca de dos decenios, una extensión considerable. El volumen de las transacciones a partir de la década de los ochenta muestra que el mercado financiero se ha autonomizado respecto de la esfera de la producción y de los intercambios comerciales, incrementando así la inestabilidad, ya convertida en crónica, de la economía mundial. Desde que la globalización es arrastrada por las finanzas, la mayoría de los países se encuentran en la imposibilidad de tomar medidas contra los intereses de los dueños del capital.

Globalización y privatización de la educación

La caída de la URSS es la culminación del proceso político de la ofensiva neoliberal.

Este acontecimiento histórico marca la transición entre la modernidad y la posmodernidad, y del mundo bipolar, propio de la Guerra Fría, a la utopía neoliberal del fin de la Historia. La Globalización, fenómeno cuyas tres “patas” son la libre circulación de capitales, la libre circulación de productos, y la “libre” circulación de personas, va a ser el instrumento para la construcción del Nuevo Orden Mundial, liderado por EEUU. El proceso va acompañado de una “crisis de personalidad”. La figura del Trabajador, ligada a una modernidad no liberal, va a ser sustituida por una nueva figura, la séptima figura de la persona (12) : el Individuo Flotante o sujeto neoliberal, caracterizado por su unidireccionalidad como consumidor. Podemos decir que el paso de la modernidad a la posmodernidad es la transición del Trabajador al Consumidor.

Este proceso tendrá un impacto fundamental en la educación. Para Hirtt (13) las nuevas concepciones de la enseñanza, que toman como modelo la figura del Consumidor, suponen una seria amenaza para la escuela pública, y hacen que la educación se vea forzada a una adaptación radical a las demandas de las empresas, al tiempo que la misma educación de convierte en un negocio, con una trasformación radical de los agentes educativos: los alumnos (o los padres) se convierten en clientes, los centros educativos en empresas, los directores en gerentes y jefes de personal, etc.

Muchos de los sucesos sociopolíticos que marcan la transición de la modernidad a la posmodernidad anuncian ya la nueva figura del Consumidor: desde los manifestantes chinos en la plaza de Tiananmen, hasta los alemanes que asaltaban el Muro de Berlín al grito de ¡Libertad¡ (libertad para comprar productos occidentales), pasando por la revolución naranja ucraniana, o la propia caída de la URSS a manos de Yelsit, bajo principios liberales y occidentalizantes. En todos ellos se adivina ya una nueva figura que va emergiendo.Una excepción la constituyen los trabajadores polacos del sindicato Solidaridad y su rebelión contra el Estado comunista polaco. Ellos seguían representado a la figura del Trabajador, pero en una versión católica y patriótica, opuesta a la versión del Trabajador como proletariado universal que representaba el Partido Comunista Polaco, al que ellos veían como una simple marioneta del poder ruso.

Esta nueva figura, la del Consumidor, es el elemento constitutivo, el sujeto político como diría Dugin, de la Globalización. Ya no es el ciudadano, ni el productor, ni el proletario, sino un sujeto sometido a toda suerte de planes y programas moldeadores, conformados sobre proyectos inconexos cargados de propaganda, demagogia y marketing.

(12) Huerga, obra citada, p. 155.

(13) Hirtt, N. (2003) Los nuevos amos de la escuela. El negocio de la enseñanza. Madrid, Editorial Digital.

Entre ellos no hay jerarquía conocida, por esto el nuevo sujeto se define operacionalmente como consumidor y antropológicamente como individuo flotante (14). La nebulosa ideológica del consumo, que revitaliza viejas consignas del Mayo del 68 (“disfruta sin límites” “atrévete a querer más” etc.) hace tiempo que ha impregnado los sistemas educativos de los países más desarrollados. En España hemos visto el proceso, que se inicia con la LOGSE, de introducción de un discurso autoliquidador, que alimenta la noción de sujeto flotante o sujeto-consumidor, y cuya versión más nítida la encontramos en la introducción de la asignatura Educación para la ciudadanía (15). Todo ello constituye un conjunto de estrategias que contribuyen a la debilitación de los estados frente a las grandes multinacionales, para las cuales los servicios públicos constituyen un obstáculo importante para muchos de sus negocios. La globalización ejerce su soberanía a través de la desactivación del concepto de ciudadano responsable y la eliminación de todas las fronteras objetivas y subjetivas de los negocios dirigidos por las multinacionales de estirpe anglosajona. Para más escarnio cuentan con la colaboración espontanea de cierta izquierda, la de “nadie es ilegal”, “refugiados wellcome” o “derribemos las fronteras”.

En este contexto, el futuro de la educación pública está ligado al de los estados y al de los propios ciudadanos (16) . La disolución de la clase obrera, fruto del proceso de reconversión de la división clasista del trabajo a la funcional, la desaparición de cualquier plataforma objetiva que sustente un discurso social renovador, el auge del individuo flotante, la universalización del cliente, el auge de la ideología neoliberal (que no se percibe como ideología, sino como “realidad”) con la consiguiente reducción de toda actividad humana a su aspecto económico, y el abochornante bombardeo mediático contra todo lo público abren un horizonte nada prometedor para la enseñanza pública, más allá de su papel de “contenedor social”.

Por otra parte vemos que las tendencias nacionalistas centrífugas, dirigidas al fraccionamiento de España como comunidad política, están dentro de la misma lógica  neoliberal de debilitamiento del estado. Tanto el nacionalismo vasco como el catalán se han apoyado en escuelas privadas promotoras de hegemonía nacional para alcanzar sus objetivos políticos es ideológicos. El marco jurídico-político creado por la LODE y por la LOGSE les ha facilitado enormemente esta estrategia. En el Pais Vasco la enseñanza privada y concertada cubre más del 50% de la red educativa, y en Cataluña el 45%. En la Comunidad Autónoma de Madrid, gobernada por el Partido Popular, ha ido creciendo el porcentaje de la escuela privada hasta valores cercanos al 45% 17 , lo que muestra una coincidencia objetiva entre los liberales y los nacionalistas en cuanto a su modelo de sociedad, más allá de enfrentamientos políticos.

(14) Huerga, obra citada, p. 164.

(15) Ver el magnífico artículo de Gustavo Bueno, “Sobre la educación para la ciudadanía democrática”, en El Catoblepas, nº62 (2007) http://www.nodulo.org/ec/2007/n062p02.htm

(16) Huerga, obra citada, p. 168

(17) Huerga, obra citada, p. 169.

Esta coincidencia objetiva tiene su lógica, porque las tendencias disolventes del estado, y, por consiguiente, de la educación pública, sea por via nacionalista o por el neoliberalismo globalizador, promovida por las instituciones internacionales y los focos de poder económico, necesariamente tenderán a fomentar la privatización de la enseñanza, como forma de renuncia al estado, al tiempo que abren campos de negocio interesantes para empresas que pueden ir copando el nuevo mercado de los servicios públicos.

Pero además esta “nueva escuela”, supuestamente integradora, antiautoritaria, que “educa para la vida”, que funciona por “proyectos”, que forma “consumidores responsables”, en realidad lo que está haciendo es formar futuros empleados dóciles, adaptados a un mercado precario, “flexibles” (es decir, sin profesión) y dispuestos a la “formación continuada”, es decir, a aprender lo que interese a las empresas. El desprecio a los “contenidos”, es decir, al conocimiento, y el interés en el aprendizaje de “habilidades” y “competencias” completa el cuadro. Es la fábrica perfecta del individuo flotante.

 

 

 

EL QUIJOTE COMO REVULSIVO

Por Gonzalo Rodríguez

(18/04/2016, La Forja y la Espada)

quijote

Quizás como nunca antes este sea el momento en el cual los españoles debamos reencontrarnos con el Quijote… Acercarnos de nuevo a “nuestro gran libro” y hallar en él la clave que nos está faltando. Tanto para entender nuestro destino colectivo como para afrontar el desafío de construirnos como personas verdaderamente libres.

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Para quien lea hoy día El Quijote, entre los numerosos temas trasversales que recoge así como más allá del sentido del humor y las cuestiones más evidentes que traslada, muy posiblemente le quedará una sensación como de cierta lástima. También quizás como de oportunidad perdida.

Lástima por ese hidalgo enloquecido que pierde el contacto con la realidad y lástima de esa sociedad mayormente cínica e insensible que lo hace burla.  Una historia en el fondo triste en la que también puede quedar la sensación de oportunidad perdida u ocasión desperdiciada. Tanto para el protagonista como para los personajes que se le cruzan. Porque don Quijote llena su alma con los paradigmas de la Tradición, el Caballero y el Héroe, pero confunde las cosas y no entiende ese lenguaje de leyendas y mitos en su correspondiente sentido simbólico y metafórico, tomándolo por el contrario en sentido literal. Siendo entonces que choca con la realidad y ésta lo tritura y machaca sin piedad. Pero también oportunidad perdida para ese gran número de personajes con los que se va cruzando y que reconociendo la locura del protagonista, hacen burla y escarnio de él sin reparar sin embargo en la gran verdad que pudiera subyacer a su discurso. Siendo entonces que salvo unas pocas excepciones, la mayor parte de ellos caen en la bajeza o la mediocridad.

Es de este modo que el valor de “Gran Relato” que poseen el Mito y la Leyenda, de narrativa evocadora capaz de despertar el alma a las Verdades de la Vida, queda así fuera de juego. Por la locura de uno y por el cinismo de los otros, siendo entonces que la oportunidad de regeneración y despertar que el Espíritu y la Tradición prometen se pierde.

Hay así en todos ellos una falta de Sabiduría a la hora de entender el discurso de la “Caballería Andante”, y es por ello que éste se mal logra. Y es que toda acción en el Mundo que pretenda dar buenos frutos, debe estar enraizada en la Sabiduría…

Debemos entender de esta manera que la clave del Quijote residirá precisamente, en ese valor simbólico y alegórico del lenguaje del Mito y la Leyenda. Lenguaje que no pretende decirnos cómo es la realidad, sino que pretende hablarnos de las “Verdades de la Vida y el Hombre”. Verdades que precisamente por su sentido espiritual, se trasladan con el lenguaje de la Tradición.

A partir de aquí, aquel que sienta la llamada de “las verdades de la vida” más allá de las comodidades burguesas o las preocupaciones mundanas, se sensibilizará con el lenguaje del Mito y la Leyenda y hará suyos los principios de la “Caballería” y la Tradición. Pero no para chocar con la realidad. No entendiendo el mito literalmente, como si fuera posible encontrar dragones custodiando tesoros bajo montañas lejanas. Sino en ese sentido simbólico que le es propio y que da al sujeto las claves espirituales para construirse auténticamente como persona. Esto es, para hacerse señor de sí mismo y Hombre fuerte y libre. Capitán de su propia vida y paladín de un estilo y una ética, que se viven como fundamento esencial de toda sociedad verdaderamente sana.

Del mismo modo, el cínico que en el Mito y la Leyenda no ve más que la divergencia de éstos respecto de la realidad, termina por darlos la espalda como mera fantasía inane haciendo entonces de la más pura mundanidad, su único horizonte de sentido. El cínico se burla así del dragón bajo la montaña, pues sabe bien que en el mundo real dicho y dragón y montaña no existen, y escapándosele la enseñanza espiritual que el Mito y la Leyenda atesoran, queda entonces abocado a la lectura alicorta, mediocre y en ocasiones rastrera de la existencia humana.

Ya sea el Quijote, ya sean los nobles que lo burlan, ninguno de ellos parece entender así cuál es la propuesta de la Tradición y a ambos de algún modo, la realidad termina por machacar. Ya sea ese don Quijote vapuleado por unos y otros, ya sean esos nobles burlones, decadentes y nihilistas, que en la bajeza que muestran con don Quijote, muestran también su fracaso frente a las verdades de la vida.

Es entonces cuando el lector de la inmortal obra de Cervantes reacciona. Siente lástima de todos ellos pero también, una saludable indignación. Pues en su corazón se despierta la rebeldía de saber que él no es así, y que en él no quedará la oportunidad perdida: Ni se volverá loco y verá gigantes donde no los hay, ni dará la espalda al Espíritu y se convertirá en un cínico sin honor ni vergüenza.

Es en ese momento cuando el Quijote se convierte en un auténtico revulsivo para el alma

Pues sin esa “Gran Narrativa” del Mito y la Leyenda, se hace difícil despertar a las verdades de la vida y sin ellas, el sentido último de la existencia en el mundo real termina por perderse. Y eso es precisamente lo que no estamos dispuestos a consentir…

Porque no queremos la vida gris de la mundanidad que como a don Quijote se nos queda pequeña. Y por supuesto no aceptamos el cinismo y mediocridad de esos que se burlan de don Quijote y hacen de dicha mundanidad, su única referencia vital.

Nosotros somos los que leeremos “el Amadís de Gaula” y ni nos volveremos locos ni lo tomaremos como una mera evasión o fantasía vacía. Muy al contrario encontraremos en el lenguaje del Mito y la Leyenda las Verdades de la Vida y el Hombre y desde ellas, nos zambulliremos totalmente en la realidad. Viviéndola con una intensidad que la mediocridad del cínico no puede concebir y que los desvaríos del loco no le dejan alcanzar.  Unos y otros fracasados y alienados en la prueba y desafío de la existencia humana. Allá donde nosotros estamos determinados a triunfar. A ser y vivir de verdad.

Ese es el revulsivo del Quijote. La enseñanza perenne que nuestro tiempo necesita como agua en el desierto y nuestra juventud debe conocer como faro en la oscuridad.

Un camino de Espíritu y Caballería. Un camino que es enseñanza para la forja del alma en la sabiduría y el vivir auténtico y de verdad. Con la existencia como aventura y como empresa.

No cabrá así en nosotros ni la alienación del que toma los Mitos y Leyendas como realidades.  Ni la ofuscación de quien sin entender el valor simbólico y espiritual de la Tradición, la da la espalda como mera fantasía. Viviendo entonces sin más horizonte que la mera vida mundana.

Nosotros no somos así…

Nosotros queremos vivir en serio y de verdad. Por eso nos rebelamos al leer el Quijote y lamentamos la locura de uno y la bajeza de los otros y a partir de ahí, nos decidimos a triunfar donde todos ellos fracasaron

¿Quieres saber más sobre quienes somos, conocer nuestra historia, entender nuestra época? Entonces La Forja y la Espada es para ti.