¡El niño que había sido atacado por un lobo! (Las prisas nunca son buenas)

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Hay cosas que nunca cambiarán. Cada mañana los niños llegan a la escuela, aprovechan para jugar hasta que toca ir a la fila, suben al aula, saludan a la profesora y vacían sus mochilas. Las clases suelen comenzar según la hora prevista salvo cuando sucede algo excepcional. Algo tan excepcional como lo que os voy a contar a continuación. Según iban entrando por la puerta del aula uno de mis alumnos se apresuró a acercarse hasta mi mesa.

-¿Cómo no estás vaciando tu mochila como el resto?
-¡¡Profe, es que ayer fui atacado por un lobo!!. Urgencias y demás
-¿¿Que qué?? (9 de la mañana).

Y fue entonces cuando me enseñó la marca en su mano. Según decía se había enfrentado nada más y nada menos que con el Señor Lobo la tarde anterior. A decir verdad yo nunca había visto una herida como aquella; ese agujero profundo y limpio en medio de su mano tan pequeña era impresionante.
Al principio pensé que era una fabulación, aun cuando sabía que había una buena manada en torno a su aldea. Sin embargo, tras mostrarme la herida a simple vista ya me pareció un colmillazo en toda regla, una buena dentada, y su testimonio comenzó a cobrar fuerza. Pocas veces se presenta una situación tan interesante como esta para que avancen en el conocimiento sobre su entorno y, siempre que sea posible, hay que hacer un cambio en el guión. El niño urbano podrá interesarse más o menos por el entorno natural, al igual que el rural por el urbano, pero conocer la fauna rural y “la fauna urbana” nunca fue más interesante para todos en la actualidad. (El destino, al final, pondrá a mucha gente del campo en las ciudades y algunos urbanitas acabarán echando raíces en el campo, algo que nunca hubieran imaginado en su vida). Pero es muy importante que cada cual conozca su entorno inmediato primero. Por ello el niño del campo tiene que identificar y conocer a ciertos animales, así como el niño urbano tiene que saber que no se debe meter de noche por callejones oscuros, evitar estar solo en medio de aglomeraciones, andar por calles sin gente a plena luz del día o abrirle la puerta a desconocidos.
Bueno, pues allá fuimos con nuestra clase extra de Ciencias Naturales. Para ella me serviría, entre otras cosas y principalmente, de los Cuadernos de Campo del Doctor Félix Rodríguez de la Fuente. Aunque no era fácil intentaríamos dilucidar si se trataba de un lobo (como el niño sostenía), de un can, un lobicán o un zorro.

– Niños, necesitamos silencio para escuchar bien su relato. (La verdad es que les costó callarse. Como es lógico, estaban bastante alterados por el suceso y en sus pequeñas cabecitas volvían a cobrar vida sus vivencias, las menos, o fabulaciones con el lobo).

-Bien. Cuéntanos entonces cómo fue que te encontraste con el lobo y qué sucedió después.
“Como cada domingo íbamos a ir a andar en bici mi amigo y yo, él vive en la aldea de al lado y siempre lo voy a buscar para salir juntos. Ayer llegaba tarde y cogí una corredoira para atajar, una corredoira por la que nunca había ido antes. Por el camino de siempre lleva más. Cuando iba pedaleando a buen ritmo de pronto me salió al paso un lobo y cuando quise reaccionar ya me estaba cayendo de la bicicleta, ¡lo único que quería era librarme de sus fauces!…Aunque me enganchó con un colmillo pude zafarme y salir corriendo como nunca antes había corrido en mi vida, sin mirar atrás, hasta que conseguí llegar a mi casa”- contaba todavía visiblemente exaltado.

-Cuéntanos cómo era el lobo, qué recuerdas. (Entonces le fui haciendo preguntas sobre sus características físicas haciendo hincapié en algunos detalles que diferencian a unos cánidos de otros, con ello están aprendiendo a identificarlos. Mientras tanto voy dibujando su descripción en la pizarra, haciendo lo que ahora se llama un retrato robot). Muchos de mis colegas maestros no se atreven a dibujar, lo que se dice a dibujar, en la pizarra y yo siempre los animo a hacerlo. (En la imagen se puede comprobar que hacer un boceto sencillo y bastante correcto está al alcance de todos. El dibujo siempre será una herramienta útil, motivadora y bella). Prosigamos. Pues una vez acabé el esbozo y lo hubieron observado le pregunté:

– ¿Es él?.
– ¡¡Sí!!.
– ¡¡Es un zorro!!. Lo más probable es que te hayas enfrentado a un zorro, más concretamente a una zorra, por haberte acercado demasiado a la zorrera (sin tú saberlo). Situaciones como estas nos llevan a pensar en que las prisas nunca son buenas y que a veces es mejor el camino conocido que el camino por conocer. Más vale malo conocido que bueno por conocer, ¿verdad, chicos?.

 

Silvana de Prado

 

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Autor: Maestros contra el Mundo Moderno

Maestros contra el Mundo Moderno ya está en facebook. Otras vías de contacto: por correo a silvanadeprado@gmail.com, en twitter a @silvanadeprado.

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